Contigo y Sintigo

La gente no se siente libre estando con alguien porque se autoimpone su propia celda, que se retroalimenta con la celda del otro. 

Esa celda que construyo día tras día en mi mente, en las normas que me creo acerca de cómo ser, y acerca de cómo debe ser aquel a quien tengo al lado, o las normas sobre cómo estar solo, o cómo  debería ser aquel a quien busco...etc. 

Claro, si en mi mente tengo una orgía de voces ¿cómo voy a tener una pareja saludable?, ¿cómo voy a conocer quién es el otro en realidad, si ni siquiera sé quién soy yo mismo, si cualquiera de las voces que suenan en mi cabeza me informan sobre cómo soy y cómo es el otro, y las acepto sin cuestionarlas? ¿cómo voy a conocer a quien tengo frente a mí, si le creo más a las voces que a lo que el otro es en realidad?

Prefiero verte con las gafas del ideal, o bien prefiero verte erróneo, para tener así algo que cambiar en ti, algo que corregir...

¿Se atreven a saber verdaderamente a quién tienen a su lado? Entonces tienen que poder saber quiénes son, quién hay debajo de todas esos susurradores que les dicen hacia dónde ir. 

Señores, son muchos cuernos los que les ponen a sus parejas: con el juez, con la culpa, con la norma, con el tú deberías, con el yo debería, con el “me haces daño”, con el “cambia, que me duele cómo eres”... 

Primero, ser fiel a la propia esencia, después, lo de fuera, se maneja solo.

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